Cerveza alemana

Vente a Alemania (a toñarte), Pepe

Los alemanes, gente recia donde la haya, son una comunidad que a los españoles nos resulta, por lo menos, inquietante. Vale que cuando los vemos por aquí sean la viva imagen de Patricio, el amigo de Bob Esponja, vale lo de los calcetines con chanclas y hasta vale lo del Banco Central Europeo, pero lo de la cultura del pimple germano tiene tela. Si después de estas aberraciones pensabais que ya no habría nada que os pudiera espantar, esperad a leer lo que hacen por ahí arriba con el tintorro y la cerveza.

Y es que, como le pasó a Alfredo Landa al llegar a Munich en la mítica peli de Pedro Lazaga, los Atlanteat también alucinamos con nuestro viaje a la capital de la cerveza.

Glühwein es como le llaman en Germania a un mejunje que se meten a bidones entre pecho y espalda. La fórmula del reconstituyente consiste en mezclar azúcar como para cristalizar el Danubio con vino tinto, canela, anís estrellado y piel de limón -cuando lo hacen en casa es habitual añadirle un chorrín de ginebra, por aquello de rebajar-.

Esta bebida, que puede recordar a la Sangría española, se adapta al clima y a la constitución del alemán medio al templarla (no hervirla para que no pierda “propiedades”) y servirla en vasos de litro en todo cuanto puesto callejero te encuentres en los meses de invierno.

Cerveza alemana.
Foto: Spiegel.

Después de sumergirnos en la experiencia del vino dulce en los mercadillos navideños de Alemania hemos llegado a dos conclusiones:

1- Al alemán le gusta más un buen copazo que a Massiel dos.

2- Los mercadillos navideños no es que sean bonitos (que puede ser), lo que ocurre es que los seis litros de bebida típica que has “probado” por los diferentes puestos te harían recordar hasta el desierto del Gobi como una experiencia mágica.

Otro maridaje curioso que gastan por la República Federal es la cerveza caliente que, como el Glühwein, regenera el cuerpo y atempera el alma. También le añaden azúcar y la maceran en jengibre, canela y coriandro y, el resultado, aunque no está mal es desconcertante.

Además de que esta afición por azucarar el alcohol responda a la ingesta de calorías para contrarrestar el fresquito de Bremen, creemos que algo influye también el viaje etílico que produce. Este tipo de cerveza espesa puede llegar a los 20 grados de volumen de alcohol y normalmente ronda los diez. En estas condiciones y dependiendo de la robustez del consumidor, lo de “salir de cañas” posiblemente tenga que convertirse en “salir de caña”. O no levantarse de la cama hasta una semana después, ahí que cada uno arriesgue lo que quiera.

Asique después de este acercamiento a la cultura del pimple germano, la imagen que teníamos del alemán en Alemania se acerca más a la que constatamos del alemán en Mallorca. ¿Se habrán llevado la fiesta de aquí o se la estaban guardando en secreto hasta ahora? Seguiremos investigando.

Etiquetado ,,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Atlanteat, desde sus instalaciones en Nigrán (Pontevedra) y Corrubedo (A Coruña) te lleva a casa el mejor sabor del mar, con ingredientes de primera calidad y elaborados de forma artesanal en nuestro obrador.

Logo pesca

Logo Xunta

Logo Europea

Síguenos!