Frases de madres de toda la vida

El Día de la Madre debería ser todos los días. Habría que instaurar la costumbre de darle un aplauso diario a estos seres de la naturaleza. Son todas distintas pero hay cosas que las ponen en común, como si fueran una sóla: lo que dicen, esas frases de madres. Las de toda la vida.

“No tires el líquido del yogurt que ahí está todo lo bueno”.

Esa manía. Pero vamos a ver: ¿qué hago yo sorbiendo un gel formado por el suero de la leche? ¡No tiene buena pinta! Pues nada, que ahí están todas las proteínas del yogurt y punto. Esta frase las dicen las madres justo en ese momento en el que estás volcando el bote en el fregadero para que caiga, para siempre por el sumidero, el líquido ese y que se lo lleve el diablo.

“Ese plátano no está pocho, está maduro”

Cuando ves el plátano en el frutero lo confundes con un zapato de charol negro o incluso con un paraguas negro plegado, de los que se meten en el bolso. Pues no, es como más rico está, según apunta tu madre. En cuanto lo pelas prácticamente se te deshace, te habla suplicándote clemencia, te dice que acabes ya con él, que lleva demasiado tiempo torturado ahí dentro.

“No te levantas de la mesa hasta que te lo comas todo”

Esta era a la que siempre recurría cuando dejabas algo en el plato. Te hacía sentir mal, jugaba con tus emociones y sensibilidad. Siempre aprovechaba ese momento del telediario (si teníais la suerte de tener televisión en la cocina) en la que aparecían imágenes de niños pasándolo mal. “¿Ves? Tú dejas la comida en el plato y esos niños no tienen para comer. ¿Te parecerá bonito, claro?”. Y tú comías con desgana pero sabiéndote solidario unas lentejas vegetales que no le habían salido nada bien.

“Esto no es un restaurante”

Es cierto que las madres, más tarde o más temprano, acaban haciendo lo que les pides. Sobre todo si les pones ojitos (era infalible). Si le pedías una comida especial – si se la pedías con cierto tiempo – normalmente aceptaba. Pero ¡cuidado!, que no se te pasase por la cabeza decirle ya sentados a la mesa que la comida que te había preparado no te gustaba. “Pues te la comes y punto, ¡esto no es un restaurante!”. Esa era la frase con la que te dejaba claro que ella “ya tenía bastante con pensar y preparar la comida a diario”. Que conste que tenía toda la razón.

“Bébete el zumo antes de que se le vayan las vitaminas”

“¿Y me tengo que beber la botella entera que me has preparado, mamá?” Es que… En realidad hay que agradecer que alguien se preocupe por las vitaminas que te tomas. A ti lo único que te importa es beber el zumo y puntopelota. Ellas no, ellas velan por ti.

Advertencia: si tu madre no ha dicho nunca una frase de las que aparecen en este artículo tírale de la piel del pellejo hacia arriba, es posible que sea un extraterrestre.

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